HERMES. Los Héroes y los Dioses.
Josep M. GRÀCIA
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Hermes Trismegistos como Psicopompos e intermediario, entre el Mundo (al que sostiene) y el Principio THEOS Hermes es, fundamentalmente, un dios intermediario y psicopompos, conductor y acompañante de las almas en su trayecto iniciático: Hermes es quien guía al alma en las pruebas del laberinto; no sólo quien conduce al ser individual hacia el centro del laberinto, es decir, hasta el desenlace formal de la mente en lo que de relativo hay en el mundo manifestado, sino también aquel que le muestra el camino vertical de salida hacia la liberación final.

Hermes guía hasta el centro del Laberinto Hermes ha sido desde siempre, en nuestra tradición occidental, un dios benefactor; un dios cercano, asequible y dispensador de fortuna, sea esta material, por lo cual era venerado por aquellos que rescataban de él sólo su aspecto más literal, sea esta anímica, por lo cual ha sido siempre recordado e invocado por los gnósticos, sea aquí rescatado el término en sentido amplio. Fundamentalmente, Hermes Trismegistos, el “Tres veces Grande” por su sabiduría, como bien dicen los comentaristas clásicos, ha sido una entidad portadora de buenos augurios para todos los que han emprendido el largo y encarecido camino gnóstico; para ellos, Hermes no es un dios que esté exento de complicidades; de hecho, se le ha representado innumerables veces, como bien podemos ver en este capítulo a través de las fotografías que lo ilustran, como siendo cómplice de otros dioses y diosas, de los que ha tomado sus atributos, luego sus cualidades. Hermes no sólo es un dios polisémico, como el símbolo mismo al que él hace referencia en tanto que mito, sino que está revestido de innumerables cualidades que le confieren un valor pletórico, lleno de gracia y abundancia. Asociado a la diosa Fortuna dispensa salud, y no sólo la física sino también aquella Salud Suprema de la que habla Dante en el capítulo XXXIII del “Paraíso”;  porque la Fortuna de los gnósticos no es una fortuna que pueda amasarse bajo el pavimento de la casa sino aquella que tiene su monto en los estados superiores del Ser, luego que no se ve, ni se toca, ni se cuenta pero que, por el contrario, trae ventura intelectual pues descubre en lo que no tiene nombre, es decir, en el Misterio, su valor más preciado. Puestos en un mundo en donde lo cuantitativo adquiere la máxima expresión de la fortuna, resulta difícil encarar las cosas desde una perspectiva diametralmente opuesta; en efecto, hay que pensar que el dinero, el vil metal que todo lo puede en la Edad de Hierro y al que se ha asociado exclusivamente con la fortuna, no es más que una forma de ilusión, acaso la más material, relacionada con el poder, pero no con el poder del poderoso, sino con el poder de compra. Encaradas las cosas en su sentido pleno, la asociación de ambas divinidades es natural: Fortuna (que los romanos identificaron con la Tique griega), sentada o de pie, pero casi siempre ciega, es la diosa que, dirigiendo el rumbo de la vida de los hombres, como simboliza el timón, uno de sus atributos, vierte su cuerno de abundancia sobre el ser individual dispensándole los bienes que habrán de sosegarle para que su alma y su corazón no se vea inmovilizado por la necesidad o la inquietud; y este gesto, sin duda de una gracia sobrecogedora, se ve honrado por la adhesión de un compañero fiel y entusiasta: Hermes, quien los guía en su trayecto de conocimiento interno. En la antigüedad clásica cuando alguien tenía una suerte inesperada o bien realizaba un hallazgo inesperado de algo bueno por lo que se sentía afortunado se decía de él que había recibido un “don de Hermes”.

Hermes Trismegistos con el Mundo a sus pies. Junto al Caduceo y los Cuernos de la Abundancia (emblema de la Diosa Fortuna) También asociado a la diosa Fortuna es el dios de la fecundidad y en ello hay que ver, como señalan los Filósofos antiguos, que esta fecundidad lo es tanto en el ámbito físico como psicológico y espiritual; esto es, en lo referente a la procreación, a la excelencia en las artes, y, en concreto, a las llamadas artes hermético-alquímicas, y en la gnosis propiamente dicha. La vinculación de Hermes con la fecundidad se remonta a los pueblos de la Arcadia en donde en las puertas de las casas o en las entradas de las ciudades se lo representaba simbólicamente con un amontonamiento de piedras o con una piedra vertical a modo de falo erecto; esta forma simbólica se transformó, con el tiempo, en una columna de estípite cuadrangular coronada por el busto del dios Hermes y con el símbolo fálico grabado en uno de sus lados, lo que a veces el cristianismo cercenó como puede observarse en una imagen expuesta en el Museo del Prado. Estas columnas, que pasaron a llamarse genéricamente los hermes, estaban, a menudo, coronadas por el busto de los filósofos más excelsos, los fecundos en sabiduría, los vástagos de estirpe espiritual, como el gran Pitágoras al que muchos asimilan al mismo Hermes. Por este motivo, entre otros, muchas veces Hermes se representa juntamente con la diosa Ceres, plenamente identificada con la Deméter griega, diosa por excelencia de los misterios eleusinos, asociados al resurgir de la naturaleza, luego, a la fertilidad y a las potencias de la vida, capaces de producir una regeneración del ser. Este hecho hace comprender perfectamente la relación profunda de Hermes con la vía de conocimiento iniciático, como conductor y fiel acompañante, como antes decíamos, de las almas en su viaje gnóstico, lo que añade valor simbólico al hecho de que los hermes eran muchas veces representaciones de Jano, el dios bifronte, el dios de la iniciación y de los Collegia Fabrorum romanos (según Cicerón, de la raíz ire deriva ianus e initiatio). Y por este motivo, también, a Hermes se lo representa junto a Minerva, diosa de la actividad intelectual.

Joven sátiro conocido como "Mercurio". Copia romana de un original del área praxitélica. Inv. 1914 n. 250. Galería de los Uffizi

Bien podría decirse que, así como Homero representa plenamente la poesía, Hermes representa la ciencia sagrada pues es el descubridor y transmisor a los hombres de la aritmética, de la geometría, del alfabeto y de la escritura, es decir, de las ciencias simbólicas que desde siempre han ayudado a los hombres a cumplir con la máxima primera y última de la plena realización intelectual: “Conócete a ti mismo”.

TABULA SMARAGDINA

Revelación mistérica del Tres Veces Grande

La Tabla Esmeralda es un texto atribuido a Hermes Trismegisto; se encuentra reproducida en una roca. En traducción latina se encuentra en una de las láminas que ilustran el Amphitheatrum Sapientiæ Aeternæ de Khunrath, 1610. La primera edición impresa apareció en Nuremberg en 1541. Joanes Grasseus (Hortulanus) dió, en el siglo XV, su comentario (Commentaire, traducción francesa de J. Girard de Tournus, en el Miroir d'Alquimie, París, Saveste, 1613). Existe un minucioso estudio basado en cinco textos manuscritos árabes titulado Tabula Smaragdina de Juliu Ruska, Heildelberg, 1926.

I
Es verdad, sin mentira e inequívoco,
II
Lo inferior es a lo superior como lo superior es a lo inferior, porque todo es Uno.
III
Y así como todas las cosas devienen de Uno, así todas las cosas nacen de Uno, por participación.
IV
El sol es el padre, la luna es la madre, el viento lo llevó en su seno, la tierra es su nodriza;
V
el Padre de todo, el Thelesma, esta aquí; Su fuerza es plena si se transmuta en tierra.
VI
Separarás la tierra del fuego, lo sutíl de lo espeso, dulcemente, con gran maestría.
VII
Él sube de la tierra al cielo y de nuevo desciende sobre la tierra, y recibe la fuerza de las cosas inferiores y superiores.
VIII
Así serás toda la gloria del mundo y toda oscuridad se alejará de ti.
IX
Ésta es la fuerza fuerte de toda fuerza, pues vencerá toda cosa sutíl y penetrará toda cosa sólida.
X
Asi ha nacido el mundo.
XI
De esto serán y surgirán innumerables adaptaciones cuyo método está aquí.
XII
Por ello he sido llamado Hermes Trismegisto, poseyendo las tres partes de la filosofía del mundo.

(Traducción ARKHO) 

Otras traducciones:

Los siete capítulos, trad. Prudenci Reguant, Atalanta Ed., Cuadernos de la Filosofía química 2, 1994, Mataró

Hermes Trismegisto, La Table d'Émeraude avec les commentaires de l'Hortulain. Dr. R. Allendy, Preface de J. Charrot. Éditions Traditionneles, 1994, Éditions du Voile d'Isis, París. (1 ed. 1921, Éditions du Voile d'Isis, París).

Stolcius, Daniel., Viridarium Chymicum, trad. Miguel Angel Muñoz Moya, Muñoz Moya y Montraveta, Ed., Biblioteca esotérica, 28, 1986, Barcelona, pp 259-260, n.4.

Grillot de Givry, La Gran Obra. Doce meditaciones sobre la vía esotérica al Absoluto, Trad. M. A. Muñoz Moya, Muñoz Moya y Montraveta, Ed., Biblioteca esotérica, 2, 1985, Barcelona, Apéndice (2 Trad.: una de la primera traducción aparecida en Nuremberg en 1541 y otra de la versión aparecida en la revista Alchimiee mediterranéenne)

Jesus Christ Sun of God, Ancient Cosmology and Early Christian Symbolism, David Fideler, Quest Books, Illinois, U.S.A., 1993, p. 233.

 

Barcelona, a 8 diciembre de 2008. © Josep M. Gràcia. Creative Commons License Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons