LA CIUDAD DE GERION

Una aproximación a la fundación mítica, proyecto de ciudad y composición urbana de la ciudad de Girona.

Josep M. GRÀCIA

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I. LA GIRONA ATÁVICA

En los albores de la Edad de Hierro, en la Era de Tauro (4400 a.C. a 2263 a.C.), el enclave en donde se sitúa Girona debió ser, como muchos otros de cultura mediterránea, una tierra bañada por la sangre del Toro; es ahí donde cabe situar el mito que atribuye a Gerion la fundación de la ciudad. Gerion, el de los bellos bueyes rojos, el habitante de los límites del Hades, el tricéfalo poderoso, sagaz, fuerte y valiente, sólo será vencido por Hércules, victoria mítica que inaugura la nueva Era de Aries (2263aC a 126a.C.). Lo que Aurelio Prudencio (Peristepharon, IV:29-30) llamó “parva Gerunda” es, ante todo, un lugar con significado y con significante, un enclave geográfico en el cual, antes incluso de que los iberos ausetanos lo habitaran, se producía un evento crucial: un camino solsticial, la Via Heraklea, de Norte a Sur, se cruzaba con otro equinoccial, el Callis Iannus, de Este a Oeste. El primero, de cuya importancia ya tenemos noticia en el siglo II a.C. a través de Timeo, Mirabiles Auscultationes, 85, (Schulten, 1925:103-104) es el camino que inauguró Hércules en su retorno a Micenas después de cumplir con el décimo trabajo, llevando los bueyes robados a Gerion hasta el Peloponeso; el segundo, un camino estelar que desde la oriental Efeso conducía hasta el ara solis, hasta los límites occidentales del Mundo. El punto de encuentro territorial estaba situado cerca de la parva Gerunda, en la actual ciudad de Figueres, a escasos kilómetros hacia el Norte.

Alrededor del año cero, la Res Publica Gerundensium es una ciudad pequeña contraída en el regazo de una montaña pétrea, expectante ante el ir y venir de quienes transitaban el Via Heraklea, ora dispuestos a cruzar la ígnea Pyrene hacia las tierras del Norte, ora emocionados camino hacia el Sur, hacia las Columnas del héroe más allá de las cuales sólo la ignota Libia, negra y de oro, aguardaba al viajero intrépido. El encalve proporcionaba a los hombres y mujeres los baños de sangre purificadores, y participaban, como en otros lugares de Iberia, de un tiempo ritual que los mantenía unidos a la tierra al mismo tiempo que los elevaba hacia las alturas de lo inmortal. Este centro neurálgico territorial, como muchos otros en la península Ibérica, tuvo, a lo largo de los siglos, una relevancia geopolítica indiscutible, aspecto que ya ha sido profusamente estudiado por la historiografía secular y una no menos importantísima relevancia cultural en torno a una concepción simbólica y mitológica que se encuadrada en lo más prístino de nuestra tradición metafísica. Este último aspecto, sin duda determinante con respecto al primero, no es que situara la parva Gerunda en el mapa de Occidente sino que Occidente tuvo mapa en virtud de esas dos vías que decusaban el territorio convirtiéndola en punto de encuentro cultural, político y económico de primerísimo orden hasta bien entrado el siglo XVII. Hay, pues, una Girona prehistórica, una Kerunta Íbera y otra celta; hay una Gerunda romana, republicana e imperialista; hay una Girona visigótica y añorada de Carlomagno; hay una Girona templaria, medieval y judía, y una Girona actual que convive y se debate con su pasado atávico.

Mi objetivo en este artículo es proponer una aproximación a la fundación mítica de Girona, rescatando indicios de antiquísimos cultos mistéricos presentes en la ciudad, viendo cómo y de qué manera la tradición metafísica occidental y la cosmología que de ella se deriva están presentes en su concepción. Propondré, también, una posible morfología de la estructura urbana fundacional de la Gerunda romana basada en lo que he llamado Plan ideal preconcebido, que es el Proyecto de ciudad, y que he desarrollado en clave mitológica y simbólica (por ello, he creído necesaria la exposición previa de los símbolos, ritos y mitos más relevantes) en donde el medio geográfico, la expresión arquitectónica y la composición urbana local se enmarcan en un contexto universal. El Plan ideal preconcebido es una propuesta teórica, no tiene antecedentes ni sigue una metodología científica, y se basa sólo en parte en hechos ciertos, arqueológicos o historiográficos; por lo tanto, la propuesta no tiene carácter científico y no puede tenerlo porque, en mi opinión, la ciudad es, fundamentalmente, la expresión  simbólica de una cosmovisión que escapa a la ciencia empírica. No la doy por sentada, sólo la defiendo, y si se echa en falta una teoría de peso o un razonamiento riguroso es porque mi punto de vista es otro: entiendo que, ante todo, la ciudad antigua (con toda la ambigüedad que incorpora el término) es una, o quizás la más completa expresión de una cosmovisión, luego, la expresión del habitar-el-mundo de un pueblo o civilización tradicional. Digo “la más completa” por que además de ser una formulación teórica, en esencia de orden simbólico y metafísico, la ciudad se construye, es la expresión de una política, en sentido amplio del término, en definitiva, una forma tradicional recibida de habitar el mundo.

La composición urbana de Girona que propondré, la cual, de todas maneras, no es el objeto último de este estudio, no coincide totalmente con la más reciente, debida al historiador J. M. Nolla, quizás uno de los eruditos más relevantes de nuestra época; profundizar en ella requeriría sumergirse en la historia de la ciudad, en todos y cada uno de los eventos políticos, sociales y económicos que han acontecido a lo largo de los siglos, y este, como he dicho, no es mi objetivo, ni puede serlo ya que no soy ni historiador ni arqueólogo, sino arquitecto. Mi aproximación, pues, es desde esa praxis basada en un sistema coherente de principios universales que llamamos Arquitectura; y digo principios universales y no principios generales, como está establecido por la Academia de las Ciencias, ya que para mi, la Arquitectura es una Ciencia aplicada, cierto, pero también una Ciencia pura. ¿Desde dónde, sino, debe abordarse el estudio de la ciudad antigua si no es desde la Arquitectura, de la que Vitruvio dijo que era una disciplina encíclica que incorpora todos los ámbitos del saber? Es el Architéktõn quien imagina esa imago mundi que es toda ciudad antigua, incorporando tanto la mitología, los ritos y los símbolos, formalizados en números y geometría, como propiamente la composición urbana en sí, que es la forma en que ese Plan ideal preconcebido se materializa en el territorio, por decirlo en pocas palabras. Por último, preferiría no verme obligado a utilizar el término Architéktõn, sino, por el contrario, su exacta traducción castellana –Arquitecto-, pero es que entre el primero y el segundo ha habido una pérdida de contenido tal que no resultaría excesivo decir que expresan conceptos antagónicos: es esa una palabra que, al igual que otras muchas en la historia del pensamiento -vid. infra, Cap. V-, ha conservado su forma variando radicalmente su contenido semántico.

 

 

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Girona, Solsticio de invierno de 2009.