Algunos Laberintos
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Laberinto en la Casa de Lucrecio, Pompeya. Fuente: El libro de los Laberintos, P. Santarcangeli, Siruela, 1997


LABERINTO del la Catedral de Reims.

Dibujo realizado en el momento de la destrucción del Laberinto, s. XVIII.

(Aprox. 8,30 x 8,30 m.)


LABERINTO del la Catedral de Bayeux.

(Aprox. 3,70 x 3,70 m.)


LABERINTO del la Catedral de St. Omer.

(Aprox. 10 x 10 m.)

Dibujos realizados por Th. Vacquer


El laberinto tiene especial significación si lo consideramos con respecto al camino o vía del Conocimiento o Iniciación en los Misterios.
Concretamente el Laberinto se relaciona a las pruebas que el alma debe afrontar y salvar en su reforma psicológica pues la Iniciación en los Misterios se opera, principalmente, en lo que llamamos "espacio intermediario del Alma".
"Entrar en el Laberinto" supone, no obstante, un conocimiento previo de cual es la "puerta" que permite su encuentro; en otras palabras, se entra en el Laberinto una vez se ha divisado, aun que sea liminarmente, cual es el camino o vía hacia el conocimiento, la Tradición misma, con sus símbolos, ritos y mitos.
El Laberinto se dispone, así, después de la entrada en el Templo (lugar de la pila bautismal) y antes del acceso al altar (propiamente en el centro, mas o menos, de la Nave) siendo que el altar simboliza el centro o punto dónde las influencias espirituales "descienden": se materializa el espíritu espiritualizando la materia.
La idea de Orientación es básica para comprender el simbolismo del Laberinto: el hilo de Ariadna refierre a esa orientación (la Tradición misma) que es necesario no perder. El Laberinto se sitúa, así, antre el bautismo de agua (baptisterio) y el bautismo de fuego (altar) y corresponde, en la obra alquímica, a la Obra al Blanco. Igualmente, en el Árbol Sefirótico cabalístico, el Laberinto se hace corresponder con el Mundo de Yetsirah, entre Yesod -el Fundamento, y también la Luna- y Thiferet -el Amor, y también el Sol-. Por último, en el Adán Primordial -Adam Kadmon- el Laberinto se situa en la zona del vientre, señalando así esa función de regeneración de la materia burda (el alma misma del hombre caido).

Moisés Cordovero, maestro de maestros cabalísticos, decía que el proceso de emanación de las sefirot, es decir, la Cosmogonía, correspondía a una ocultación del Ser. En otras palabras, que para que el Mundo o Manifestación Universal sea, El Ser debe ocultarse, y por eso, "la revelación es la causa del ocultamiento y el ocultamiento la causa de la revelación".  Asímismo, este "proceso" cosmogónico es una "dialéctica" ya que tiene lugar mediante una constante dinámica causal de aspectos internos que se dan dentro de cada sefirot, formando como un proceso de reflexión dentro de cada sefirah, que se relfeja a sí misma en sus distintas cualidades.
Asímismo, Moisés Cordovero, señala que la diferencia esencial entre la cábala y la filosofía radica en la solución del problema del puente entre el Ser y el Mundo. Tender un puente así, sólo es posible gracias a la estructura de las sefirot "emanadas" del Ser.


Esta imágen representa el Árbol de la Vida en forma laberíntica, con Kether envolviendo a las demás sefirah.
La Shekinah está en el centro.
Diagrama contenido en Pardes Rimmonim de Moisés Cordovero, Polonia, 1592.

Fuente: Judaic Mysticism, Dr. Avram Davis & Manuela Dunn Mascetti, Hyperion, New York, 1997.